VENDO MI CASA*
Como lo lees. Vendo mi casa, entera. Está muy bien situada. En el sitio donde alguna que otra vez recibí tu sonrisa y tus besos.
Tiene ventanas que dan a una iglesia, desde los que tú y yo siempre veíamos nuestra boda que jamás llegó, que jamás llegaría. Y tiene dos dormitorios, con camas pequeñas donde en una de ellas hemos hecho el amor hasta reventar. Por supuesto, las sábanas están limpias, no soportaría el olor a ti, a tu piel, a tus besos durante tanto tiempo. Nadie que entre aquí lo soportaría. La habitación huele un poco a dolor, pero es cuestión de ventilar el cuarto un tiempo y pasará.
Como casi todo, dale tiempo a que cicatrice. La casa también te echa de menos. Puedes vaciar los cajones, yo no me atrevo. Están llenos de mis errores, de mis errores contigo. No los he tirado porque no caben en una simple papelera, alquila un camión con destino al pasado, yo me encargo de pagar el viaje. Y llévate también tus regalos, el olor a podrido de esta relación se refleja en ellos y me da alergia. Nos han acompañado durante todo el camino, sonrieron y lloraron con nuestra relación y ahora que toda esta farsa ha terminado, se ha estropeado todo. ¿No da miedo? Tiralos.
Solo me quedo el peluche porque sin el no duermo... Es lo unico que me queda de ti... Sabes? aun me huele a ti! Y eso me mata pero me gusta cerrar los ojos y imaginar que eres tu... Que estas a mi lado de nuevo .
Cuando mires en los cajones, encontrarás aquel montón de post-it y papeles de colores pegados en ellos. No los tires. Embálalos y mándalos a un mundo donde la gente nunca termine lo que empieza. Son promesas que algún día cumpliríamos. Promesas que nunca cumplimos.
Los cuartos de baño no son nada del otro mundo. En la ducha también hemos hecho el amor. Hay alfombrillas porque cuando se quiere con todo el amor resbala y duele. Puedes usarlas. No huelen a nada. Lo bueno del agua es que lo limpia todo, se lleva consigo cualquier cosa y te permite recrearte en la marcha de lo bueno de la vida por el desagüe. No es muy grande, a mi me gustan los cuartos de baño amplios, donde uno pueda llorar a gusto en el suelo y mirarse al espejo sin miedo a tropezar con algún mueble.
Y por último, que debería haber sido lo primero: el recibidor. El teléfono sin la luz encendida. Porque aún no me has llamado. Aún funciona, no me he atrevido a desconectarlo. Por si te equivocabas y marcabas mi número. Así que ya sabes, cógelo siempre y si preguntan por mí, aunque haya pasado una eternidad, dile que estás a tiempo, que aún no te olvidé. El paragüero está vacío, a ti siempre te gustó calarte de lluvia hasta los huesos y a mi no me importaba.
Por último, la mirilla. No la utilices. Está medio rota. Falta un soplido para que acabe de caer. Ha visto demasiadas cosas. No la hagas partícipe de ninguna relación, no es tan fuerte como aparenta. No lo aguantaría. Y bueno... Eso es todo. Yo no volveré por aquí. No puedo.
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