Sé lo que hago mal. Tengo tentaciones, y sé cuáles son. También se que hay gente que sufre con mi maldad y que hay gente que la
disfruta. No hace falta que nadie me diga mis defectos, porque ya los conozco, para algo existen los espejos y la autovaloración.
Me gusta ser como soy, y a quien no le guste que no mire. Si no me gustara, cambiaría, ¿no crees? Si así disfruto,
¿por qué cambiar? ¿Para hacer callar las bocas? Que más da, si van a seguir poniéndote verde, a las espaldas,
e intentando amargarte la existencia, si no es por una cosa, será por otra. El asunto está en poder criticar a alguien para
simular tener vida social, o simplemente, para matar el tiempo. Por cierto, a todo esto, antes de hablar mal de cualquiera,
obsérvate un ratito, con cinco minutos vale. Sobran para darte cuenta de que en el asunto de perfección no andas sobrado
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sábado, 28 de junio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Hace unos meses me sentía agobiada, arta de todo,con demasiado sufrimiento y pocas fuerzas. Escalando una montaña de errores, mentiras, descuidos y mil cosas más que intento no recordar. Intentaba escalar y llegar a una cima que a cada paso que daba se hacía mayor por más que escalase. Sentía que el lugar se hacía más grande y yo más pequeña por momentos. Pero en esas situaciones, en las que minuto tras minuto solo se escurrían lágrimas por mis ojos, llegaron unas personas que me decían cualquier tontería y me alegraban el día. Tonterías sí, pero esas tonterías me demuestran que están ahí siempre que lo necesito. Fueron mi salvación en ese momento de mi vida. Por ellos y ella cogí mi mundo, y lo intenté levantar de la miseria y lo cargué en mis espaldas para intentar volverlo a situar en el lugar correcto: La felicidad
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