El reloj corre y el tiempo pasa. Las cosas cambian continuamente, sin tregua. Hay cosas que se pierden, que se olvidan, y luego no hay forma de recuperarlas. Con el tiempo, dejamos de ser quienes fuimos, de pensar como pensábamos, de sentir lo que sentíamos. Tal vez sea mejor así, no hay necesidad de recordarlo todo.
No quiero que a cada paso que dé algo o alguien me recuerde esas noches en vela pensando en tí. No merece la pena. No quiero volver a recordar ese dolor, ni el sabor de esas lágrimas. No quiero seguir viviendo eso. Me gustaría olvidarlo todo, olvidarte a ti y a tu indiferencia. Pero el amor se cuela por las rendijas del olvido, sin avisar.
Sé que nunca nadie va a hacer que me olvide de ti. Compartimos los momentos más felices de mi vida. Quizás, con el paso de los años, esos recuerdos no serán nítidos, ni precisos. Quizás me olvide de como sonaba tu voz, o de cada uno de los lunares que tenías en la espalda. Cabe la posibilidad de que hasta me olvide del color de tus ojos. Pero sé que por muchos años que pasen, por muchas cosas que cambien lo que nunca lograré olvidar es lo que sentí. Porque aún lo sigo sintiendo, aún te quiero. Y sé con seguridad que esto nunca cambiará.
Por eso estoy aquí, en mi cama. Con los ojos cerrados sentada , como tantas veces estuvimos juntos ahi. La ventana abierta, aun puedo escucharte, siento el viento.
Luego dare una vuelta aver si apareces, escibire nuestros nombres en la arena como siempre ago. Y me alejo paseando, tranquila, sin preocupaciones. Porque sé que los nombres los llevará el viento, de la misma manera que nosotros desapareceremos algún día. Pero no me preocupa porque lo que vivimos nunca desaparecerá, tampoco lo que aún siento por ti.
Porque los nombres se los llevará el viento, pero el parque, la arena, estará ahí siempre.